Agustín Santos Martín: “Me repatea la indecencia, nunca he podido soportar la estupidez”

Por PENYAGOLOSA REPORT

Agustín Santos Martín es abogado de formación, ejecutivo de profesión, y escritor de vocación, además de una gran persona.

Entrevista realizada por Héctor Santos, redactor de la revista Penyagolosa Report.

  • ¿Dónde y cuándo naciste?

Nací en Salamanca, más concretamente en Parada de Arriba, en noviembre de 1936, en plena guerra «incivil«. Fui el quinto de nueve hermanos. Aún tengo el recuerdo imborrable de aquellos gélidos inviernos, en los que se congelaba el agua de las cañerías. Las casas no tenían calefacción ni agua caliente y el frío sólo te lo quitabas en el cine, porque tampoco la ropa era como la de ahora.

  • El hecho de haber vivido la posguerra, ¿en qué modo afectó a tu infancia?

La posguerra fue espantosa: escaseaba el dinero, apenas había alimentos, poco trabajo y mal pagado, calles sin asfaltar (sin coches ni autobuses) y rodeados de miseria. Pero se oía a la gente cantando a todas horas. Trataban de salir adelante y olvidar la penosa situación. Los chavales, cuando no íbamos al colegio, siempre estábamos en la calle, jugando en pandilla e ideando travesuras. Mi niñez no fue aburrida, todo lo contrario.

La represión, por aquellos años, era total. La dictadura (política, militar, religiosa) dejaba notar su presión en la vida social; era un control sin tregua de la enseñanza, la lectura y las costumbres cotidianas. El “Índice de Libros Prohibidos” censurados por la Iglesia, la presencia de militares (siempre vestidos de uniforme, en las calles, hasta en el cine o en un partido de fútbol), con tres años de “mili” obligatoria para los jóvenes… La Iglesia era un incordio para la vida social porque lo controlaba todo (y más en Salamanca): la misa, la comunión, los Cursillos Prematrimoniales obligatorios, la Acción Católica, la Adoración Nocturna, la Cuaresma, las películas que podías ver…

  • ¿Cuántos vivíais en vuestra casa?

Nos juntábamos cada día 13 o 14. Todos, niños y jóvenes, trabajábamos en la casa y en el campo, ayudando a los padres o cuidando a los hermanos. Mi padre tenía una lechería y todos los hermanos, y alguno de mis primos, colaborábamos en la recogida, reparto y venta de la leche, desde bien pequeños. Recuerdo los madrugones, antes de ir a clase, para ir hasta Porteros, de noche en bicicleta, cargado con las cántaras de leche; y los ladridos de los mastines en la oscuridad.

  • ¿El haber vivido con tantos hermanos, hermanas y familiares en la misma casa te influyó en tu vida como estudiante?

Muchísimo, por desgracia. No tenía “mi cuarto”, ni un espacio de estudio. Eso era lo que peor llevaba yo; sobre todo durante los estudios de la Facultad. Así que, cuando empecé Derecho ––sin dejar de trabajar como un cosaco en el negocio familiar––, tenía que irme a estudiar a la Biblioteca de la Universidad. Y al salir, aprovechaba para dirigir el Cine Club o asistir a una tertulia literaria, donde se inició gente muy buena. Sacábamos tiempo para todo.

AGUSTÍN SANTOS MARTÍN A LOS OCHO AÑOS DE EDAD.
  • ¿Qué quisiste estudiar? ¿Y por qué? 

Me hubiera gustado estudiar periodismo; pero obligatoriamente tenía que cursarlo en Madrid y mi familia no podía permitírselo. Me matriculé en derecho como la opción más recomendable, como un segundo bachillerato y un paso más en mi preparación para encontrar un buen trabajo.

  • ¿Por qué, pese a haber estudiado derecho, no ejerciste?

Porque el oficio de Letrado no era como el de Atticus Finch en “Matar a un ruiseñor”. En Salamanca había más abogados que pleitos; hambreaban ejercitando el “turno de oficio” y poco más. Yo no podía ni pensar pasarme tres o cuatro años preparando Notarías o Registrador de la Propiedad o Juez, dejándome la salud y sin tener mi espacio para estudiar.

En toda mi vida, ante una encrucijada como esta, a falta de una visión clara de algo o a la hora de tomar un camino, escogía el menor de los males. Siempre me he orientado mejor por lo que no quería, lo que no me gustaba ser, y hacía lo contrario. Me ha funcionado muy bien. Así que nada más licenciarme en derecho, me fui a Barcelona, donde trabajé en la Editorial Vergara cuatro años. Luego me contrató el Grupo Planeta, al frente de la Delegación de Valencia, y allí permanecí durante 36 años.

AGUSTÍN SANTOS MARTÍN (1980)
  • ¿Encuentras alguna gran diferencia en la sociedad actual, comparada con la de tu juventud?

¡Los cambiosentre mi época juvenil y la de hoy son grandísimos! Tal vez el más evidente sea la situación de la mujer. Cuando yo era joven, las mujeres solo podían ser secretarias, enfermeras, monjas, telefonistas o limpiadoras… y casarse. En mi clase de la Facultad había cinco chicas y 240 chicos. Años después todavía era rarísimo verlas conduciendo un coche o entrar solas en un bar o en un cine. Mi generación ––y las que siguieron después–– luchó duramente para cambiar la marginación político-religiosa y jurídico-social.

  • Después de tu jubilación empezaste a escribir libros. ¿Cuántos has escrito hasta ahora? ¿Y de qué temas hablas en ellos?

Desde niño, la lectura me ha atraído como una obsesión. He leído como si lo fueran a prohibir; seguramente, más de tres mil libros. La lectura me llevó a la escritura: he terminado cinco novelas, las tres primeras son de serie negra, de intriga policial. Siempre me ha fascinado cómo determinado modelo de sociedad puede empujar a cometer delitos. Además, tengo escritos centenares de artículos, cuentos, relatos, críticas de libros… Soy feliz leyendo y escribiendo cada día.

  • ¿Cómo es ahora tu vida?

Rosaura y yo tenemos dos hijos y cuatro nietos. Desde mi jubilación, disfruto del mar en la playa de Almassora. Me encanta cocinar. Y las sobremesas, con amigos inteligentes y divertidos.

  • ¿Tienes hobbies?

Sí, muchos. Soy creativo y, como he viajado bastante, siempre me ha atraído la fotografía. Tuve en mi casa de Valencia un estupendo laboratorio de revelado, que me hizo pasar ratos inolvidables. Me encanta escuchar música y me la solía poner para escribir. Clásica, preferentemente.

  • ¿Qué es lo que más te molesta?

Me repatea la indecencia. Nunca he podido soportar la estupidez. No me entra en la cabeza que un trabajador de extracción pobre vote a la derecha. Pienso que los políticos actuales son menos aptos que los de mi madurez y me apena que se desaproveche el potencial de los jóvenes.

ALGUNOS DE SUS LIBROS SON: «EL CIRCULO OCTAVO», «LA SOMBRA OCULTA»,» LA LLAVE QUE TE DI», Y «CON EL VIENTO DE COSTADO».

Redactor Junior

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